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PRÓLOGO

Ser escritor en nuestro medio, es una actividad muy difícil a la par que dura, y más penosa y ardua aún es dedicarse a la investigación histórica. 

Es por eso, cuando de repente aparece un hombre que escribe sobre la historia de los pueblos, hay que recibirlo con alborozo y estimularlo. 

El historiador a diferencia del escritor, no puede descansar solo en su ingenio por muy grande que él sea, ni en la destreza con que en mayor o menor grado pueda manejar el idioma, ni puede dejar suelta a su imaginación por exuberante que pueda ser. 

El investigador de la historia tiene que ser meticuloso, paciente e insistente, en el proceso de acumulación de datos, ya se trate de fechas, nombres, localidades o hechos. Muchas veces la búsqueda de un sólo dato puede demandar mucho esfuerzo y mucho tiempo, pero se tiene que lograr, para establecer la concatenación de los hechos y procurar el máximo de verosimilitud. 

Y después que se tiene un conjunto de datos bajo la forma de fichas, como su fuera un gigantesco rompecabezas, hay que poner cada pieza en el lugar exacto que le corresponde, para que ese montón disperso de información, vaua tomando cuerpo y adquiera forma definida. 

Se necesita mucho amor, y casi podríamos decir una verdadera pasión, para preservar en el trabajo de investigación histórica. Se requiere sin duda en la persona, excepcionales condiciones y sobre todo mucho desprendimiento. Generalmente las llamadas fuentes de la historia no son muy accesibles, más aún, cuando se logran pueden resultar tan dispares y opuestas, que crea en el investigador un alto grado de desconcierto, y para salir de él, se hace necesario procurar mayor información, que no es muy fácil obtener. 

En la difícil y dura tarea de decir la verdad, se tiene que chocar con muchas incomprensiones y sinsabores. Hay mitos basados puramente en la fantasía o en el deseo vehemente de que los hechos se hayan producido como es deseable que así fueran, los que con el tiempo se llegan arraigar en el corazón y en la nueva mente de los hombres y resulta doloroso y difícil desarraigarlos.

Historia, en el sentido más sencillo de la expresión, es la narración fiel y ordenada de los principales sucesos acaecidos en el mundo, en una nación o en un territorio. 

Es así como se ha venido haciendo historia por mucho tiempo en el Perú. En la primaria o en la Secundaria, los alumnos estudiaban los principales hechos políticos y militares que habían afectado a nuestra Patria. 

Era una simple narración, que buscaba de ser objetiva y veraz, solo de sucesos políticos y militares. 

No se entraba al terreno de la crítica, ni del análisis. Solo era una simple exposición; pero creemos que no podría ser de otra manera, por que sin conocer aun cuando sea escuetamente los hechos, no se puede ir al análisis de los mismos para establecer su influencia en la marcha de los destinos de los pueblos. Es decir, hemos aprendido una historia puramente objetiva de lo que fue; pero no nos hemos detenido a pensar en lo que pudo haber sido si los hechos narrados no se hubieran producido, o si es que se hubieran desarrollado de otra forma. 

A veces se producen hechos, que aparentemente pasan desapercibidos por que no son dados con estridencia, ni tienen el carácter de impactantes ni de repentinos, pero que sin embargo, tienen influencia decisiva en los destinos de los grupos humanos. Esos hechos no se pueden ignorar en la historia de los tiempos modernos. 

Siendo la investigación histórica una disciplina científica hay que suponer en quien la ejercita una formación académica especializada. Sin embargo, la historiografía peruana se ha desarrollado, aún con los historiadores de mayor renombre en base a una fuerte evocación y a una autoformación, que ha permitido alcanzar las metas científicas. 

Es por eso que la producción histórica en el Perú, se ha venido realizando hasta hace mucho, por acción aislada e individual, bajo el impulso de mucha vocación y también de mucho desprendimiento. 

Las principales poblaciones tallanes, se levantaron en las proximidades del Chira, al cual se le daba diversos nombres según el paraje que atravesaba. Por eso al igual que Herodoto, que decía que el Nilo era un don de Egipto, también podríamos afirmar que el Chira es un don de Sullana por cuanto no sólo es lo que dado vida a la región, sino que ha determinado la forma de esa vida. Sin embargo, el Chira no figura como una de las deidades del hombre primitivo, no obstante que muchas veces se muestra generoso, pero que en otras oportunidades se presenta furioso y castigador. 

Cuando se trata de hacer una historia de Sullana, nos encontramos con una tremenda carencia de información y con muy pocas huellas del pasado. No ocurre como en la Sierra donde las ruinas arqueológicas hablan por si solas de un pasado esplendoroso. Acá, la caña brava y eventualmente el adobe sucumbieron prontamente a la acción del tiempo y de los elementos y no nos han dejado nada. 

Por eso, el esfuerzo desplegado por Miguel Arturo Seminario Ojeda, para darnos la obra HISTORIA DE SULLANA, es sumamente meritorio y tiene que ser apreciado en su verdadera dimensión. 

Seminario Ojeda es un sullanero con estudios terminados de Sociología, cursados en la Universidad Inca Garcilaso de la Vega. A pesar de su juventud, hace ya bastante tiempo se despertó en él una ansia irrefrenable de conocer nuestro pasado y eso lo llevó a buscar la vinculación con personas que ya habían logrado cierto grado de experiencia en la disciplina de la historiografía. 

Quitándole el tiempo a las normales distracciones que busca todo joven, se dedicó a frecuentar bibliotecas y revisar archivos en procura de datos y de información que no se encontraba normalmente en los libros de Historia, que están más al alcance de todos. 

Esa actividad de investigación se convirtió en Seminario en una verdadera pasión, y el descubrimiento en viejos archivos, de hechos ya olvidados o pocos conocidos, obró como un gran incentivo en él, impeliéndolo con más fuerza aún a preservar en la tarea.

Dueño de una gran cantidad de datos preciosos, los haconcatenado y coordinado haciendo de todos ellos un todo coherente, y es así como sale a luz la “Historia de Sullana” auspiciada por el Concejo Provincial de Sullana, como un homenaje al 75º Aniversario de la Creación de la Provincia. Casi simultáneamente aparecerá otra obra suya relacionada con la independencia de Piura, auspiciada por el Concejo Provincial de esa ciudad.

En el Perú hay muchas obras inéditas, por la sencilla razón de que no es posible pedir al que algo escribe, que al esfuerzo que eso significa, se lance adicionalmente a la aventura empresarial de convertirse en editor de sus propias obras.

La Historia de Seminario Ojeda, se inicia en los tiempos de la Pre-Historia, cuando los primitivos hombres llegaron a esta región. Esta información es de sumo interés para los sullaneros por que permite determinar de donde proceden, y quienes fueron, como se comportaron y de donde llegaron esos primeros sullaneros.

Claro está que todo el supuesto descanza en diversas teorías relacionadas con el origen tanto del Hombre Americano como del Hombre Peruano – sobre todo de los yungas – por cuanto Sullana no es una isla. Es muy arriesgado calcular en siglos la antigüedad del hombre piurano y en especial del jombre de Sullana, pero si podemos afirmar que no fue en nuestro departamento en donde la región yunga empezó a poblarse.

En efecto en la época pre-agrícola o lítica que abarca un largo período de 4.000 a 8,000 años antes de Cristo, fueron muchos los sitios de la costa en donde se han detectado la presencia de grupos humanos. Así tenemos Los descubrimientos en 1963 de Jorge Muelle en Toquepala cuyas pinturas rupestres estudió; los descubrimientos hechos por Edward Lanning en 1961 de implementos de piedra en Chivateros y Cucaracha en la costa del departamento de Lima; los restos líticos encontrados en 1949 por Rafael Larco Hoyle en la Pampa de los Fósiles en el Valle de Chicama; los restos humanos que Federico Engel encontró en Chilca  el año 1968 a los que suponía 3,000 años A.C. o para hablar de nuestro departamento, tampoco podríamos competir con el poblamiento de la bocana del río Piura en donde Albert Christensen dijo haber descubierto en 1950 una antiquísima ciudad a la que denominó Chusis y a la que suponía con exceso de entusiasmo 8,000 años antes de Cristo, pero que don Carlos Robles Rázuri con mejor criterio consideró como de los primeros siglos de nuestra Era Cristiana. El poblamiento de América se inició indudablemente en la parte norte del continente, y desde allí se fue produciendo un desborde migratorio lento pero persistente. Es por eso que las antiguas culturas ecuatorianas de Valdivia, Machalilla y la Chorrera, se supone que correspondía a gentes provenientes de México y de otras provenientes de Japón o Indochina, cuyas embarcaciones fueron impulsadas por las corrientes marinas.

 

No habría entonces motivo para descartar que muchos de los pobladores primitivos de la costa, también hayan llegado por mar, y que se afincaron a la orilla de los ríos para desde allí establecer especies de cabeceras de puente e iniciar la penetración hacia el interior.

 

Los primitivos sullaneros tienen que haber llegado tan bien por mar para estacionarse en las cercanías de Colán, en épocas muy remotas, posiblemente unos 3.000 años antes de Cristo. El nivel cultural de esas gentes era muy primitivo y su actividad era simplemente la de la recolección de mariscos y de frutales. Al costado de Negritos existió en el pasado una laguna, en torno a la cual se formaron grupos humanos de los cuales Federico Engel hizo muchos estudios. Más tarde, en 1960 Edward Lanning encontró restos de cerámica, pertenecientes sin duda alguna a una época posterior, cuando los primitivos grupos humanos se habían tornado sedentarios y conocían ya la agricultura. Por los años de 1958, científicos de la Universidad de Tokio, visitaron Tumbes y la bocana del Chira, y encontraron en las proximidades de Vichayal vestigios de lo que pudieron ser primitivas construcciones lo cual muestra el desarrollo de una nueva etapa cultural.

 

Otras corrientes migratorias muy fluidas han debido ser las provenientes del sur del Ecuador, por cuanto no habían barreras físicas que lo impidieran.

Es de esa forma como el hombre piurano y en forma específica el de Sullana, se asentó y desarrollo creando con el tiempo características éticas especiales, así como un lenguaje propio y costumbres muy especiales influenciadas en gran parte por el medio ambiente. El desierto de Sechura por el Sur fue casi una barrera para un movimiento migratorio masivo del sur peruano, de tal manera que los primeros piuranos se vieron casi arrinconados entre el mar, los Andes y el desierto, teniendo como única puerta abierta de par en par el norte. De ahí que entre los primeros tumbesinos y las culturas sur-ecuatorianas existan poquísimas diferencias.

Por lo tanto, la región Piura-Tumes tiene que haberse constituido en una especie de crisol de razas, y creado una especie de mestizaje, dando por resultado la etnia de los tallanes.

Los tallanes constituyeron varios señoríos o curacazgos al frente de los cuales había un jefe con mucho poder. Entre los tallanes nada había que pudiera parecerse a la famosa Ley Sálica de los francos, pues las mujeres podían acceder al poder. A las cacicas mujeres los españoles denominaron Capullanas.

 

Los tallanes formaron una nación, pero nunca pudieron integrarse en un Estado. Por lo tanto no se puede hablar de ningún Gran Señor Tallán. Más bien, en forma continua tenían querellas y luchas entre sí, pero nunca surgió uno con suficiente poder como para unificarlos. Los tallanes del Chira, tuvieron algunos importantes poblados que sin embargo no nos atreveríamos a llamarlos ciudades. Esos poblados fueron entre otros, La Solana, Poechos, Marcavelica y Tangarará.

 

Incuestionalmente que la principal actividad de los talles fue la agricultura, y fue por eso que construyeron maravillosas obras de arte como canales, presas, sifones, etc que la técnica moderna no la podido superar.

 

Seminario Ojeda, tiene una tesis muy interesante sobre el origen de la palabra Sullana a partir de la voz Solana, que bien merece tenerse en consideración, cada vez que se trate de la etimología de Sullana.

 

Seminario Ojeda en “Historia de Sullana” da a conocer episodios muy interesantes de la situación de los tallanes, primero frente a la lucha fatricida de Huácar y Atahualpa, y luego a la llegada de los españoles, aportando información lograda de documentos muy valiosos que han obtenido en su infatigable trajinar por los archivos de Lima.

Durante la Colonia, lo que ahora es provincia de Sullana pierde su importancia política y solo figura como una zona agrícola, con un rico valle, con encomenderos codiciosos en eternos litigios judiciales, con infortunados indios tributarios víctimas de la más cruel explotación, y con solo una localidad de importancia: Querecotillo. Seminario, da mucha información sobre los primeros tiempos de la localidad de la Punta, y como el Obispo de Trujillo, Martínez de Compañón creó que este lugar una reducción, aún cuando le dio otro nombre. También resulta de mucho interés, todo lo referente a las propiedades agrícolas, que los del Castillo, abuelos de Grau tenían acá en el valle del Chira, incluyendo las tierras de la Punta, y eso explica, por que muchos sullaneros se muestran empecinados en afirmar, que nuestro Héroe Máximo, vió la luz primera en otros parajes y se bautizó en Piura.

En la lucha por la independencia, a Sullana le toca desempeñar un importante papel. La proclamación de Piura el 4 de Enero de 1821 solo fue posible porque el Coronel Valdez, jefe de la guarnición de esa ciudad, se había venido de paseo a la Punta, con motivo de la Fiesta de Reyes.

 

En Querecotillo había un escuadrón de dragones a caballo, que era mandado por un hijo del lugar; y en Amotape otro al mando del famoso Marqués de Salinas y, opulento hacendado de Tangarará. Este personaje que el 4 de Enero proclamó su adhesión a la monarquía, fue muy pronto un importante personaje de la naciente república Otro hecho que tiene relación con Sullana, es que el jefe de la Guarnición de Sechura era el querecotillano José María Raygada, que se había confabulado con los patriotas para sublevarse con tropas y todo.

 

Es también muy interesante todo lo referente a la aportación de La Punta, a la División del Norte que formaba el entonces Coronel Santa Cruz, a la que se enrolaron 16 jóvenes que después lucharon heroicamente en Pichincha, dando así la independencia al Ecuador.

 

Todos los acontecimientos son relatados con minuciosidad por Seminario Ojeda aportando mucha información que no era conocida y permanecía escondida en los archivos, esperando solo de un espíritu inquieto para salir a la luz.

 

La información que en “Historia de Sullana”, aparece con respecto a los años anteriores a la Guerra con Chile es amplia. Se trata de los eternos problemas de tierras, de litigios religiosos por el Señor del Chocan, de las andanzas de Raimondi, de las montoneras, de la forma como Sullana iba subiendo más escalones en su categoría política, de los estudios técnicos para tender la línea férrea, de las lluvias, de los censos, del auge del algodón, de las pugnas políticas, de los hechos militares y de los proyectos de irrigación.

 

Luego se entra al gran drama que constituyó la Guerra con Chile, y la forma como Sullana sufrió en carne propia varias ocupaciones por la soldadesca que impuso cupos y cometió múltiples atropellos y para colmo de los males, con la fiebre amarilla que asolaba a todo el departamento. Se da también a conocer una relación de sullaneros que tuvieron destacada actuación en diversos escenarios de la guerra.

 

Es decir, constituye un trabajo completo, que tiene que dar muchas satisfacciones tanto a su autor, como a los sullaneros, que en estos momentos con la euforia que crea en su espíritu la celebración del Septuagésimo Quinto Aniversario, hacen una renovación de fe y de optimismo en el futuro de la provincia.

Reynaldo Moya E.